Hay carreras que se construyen siguiendo un camino trazado y otras que avanzan a fuerza de insistencia. La de Milena Cataño pertenece a la segunda categoría. Antes de convertirse en actriz y desarrollar proyectos en Estados Unidos, ya había conseguido abrirse camino como directora audiovisual en Perú, un espacio donde las mujeres todavía eran minoría en posiciones de liderazgo.
Su primer gran desafío fue conseguir que alguien le diera la oportunidad de dirigir. Venía de trabajar en producción y pasó por la supervisión de postproducción y la asistencia de dirección, roles desde los que aprovechó para aprender de los profesionales con los que trabajaba. En cada proyecto hacía saber que quería dirigir. “A veces no sabemos las oportunidades que podemos perder simplemente por no preguntar”, recuerda.
La insistencia finalmente dio resultados. Dirigió proyectos para marcas como Diners Club, Ésika, Makro y Claro, pero uno de los trabajos que recuerda con especial cariño fue Grandes Maestros, una docuserie realizada junto a la actriz Jimena Lindo y dedicada a preservar el legado de grandes maestros de la actuación peruana. El proyecto terminó de confirmar algo que Cataño ya sabía: quería dedicar su vida a contar historias.

Volver a empezar para cumplir un sueño
La actuación siempre había estado presente en sus planes. Desde niña sabía que quería ser actriz, pero estudió Comunicaciones buscando una carrera que le ofreciera mayor estabilidad. Años después, mientras desarrollaba su trayectoria audiovisual, comenzó a estudiar actuación en Arte y Escena con Karina Jordán y posteriormente en el taller de Roberto Ángeles.
La pandemia terminó convirtiéndose en un punto de inflexión. En medio de la incertidumbre, la actuación se transformó para ella en “energía vital”. Cuando terminó aquel periodo, tomó una decisión que implicaba dejar atrás la estabilidad que había construido: mudarse a Nueva York para estudiar, conocer desde dentro la industria internacional y seguir creciendo.
“Cuando terminó la pandemia, me dejó la sensación de que las cosas pueden cambiar de un momento a otro y no quería seguir posponiendo lo que realmente quería hacer”, cuenta. La apuesta significó empezar nuevamente desde cero. Pero también confirmó que las herramientas que había adquirido en Perú podían acompañarla en esta nueva etapa: preparación, disciplina, capacidad de adaptación y, sobre todo, la decisión de tocar puertas.
Después de terminar sus estudios, los proyectos comenzaron a llegar y, junto a la actriz peruana Daniela Cusi, fundó The Bravas Theatre & Film Company, desde donde ambas trabajan en la creación y difusión de historias latinoamericanas.

Teatro peruano en Manhattan
Uno de los hitos más importantes de esta nueva etapa llegó cuando The Bravas Theatre & Film Company fue seleccionada para el programa de residencias de HB Studio en Nueva York, convirtiéndose en la primera compañía peruana en formar parte de esta residencia. Para Cataño, el reconocimiento trasciende el logro personal. “Cuando el arte peruano encuentra una plataforma, puede competir al nivel de cualquier producción internacional”, afirma.
La compañía llevó a Manhattan una propuesta con dramaturgia de Mariana de Althaus, dirección de Julissa Román y un elenco de mujeres peruanas. Para Cataño, experiencias como esta demuestran que el talento peruano existe; lo que todavía hace falta son mayores oportunidades para desarrollarlo y encontrar públicos internacionales.
Su experiencia en Nueva York también le permitió descubrir un ecosistema artístico con residencias, becas, concursos, grants y espacios gratuitos o subsidiados que facilitan el desarrollo de nuevos proyectos. No significa que el camino sea sencillo, pero sí que existen plataformas capaces de dar ese primer impulso. Por eso, uno de sus principales objetivos es que ese aprendizaje pueda regresar algún día al Perú.

Historias con identidad propia
Como actriz, directora y productora, Cataño busca contar historias capaces de conectar con públicos de distintas culturas sin perder su identidad. Algunas hablarán directamente del Perú; otras tendrán una mirada latinoamericana y habrá también historias universales atravesadas por la sensibilidad de quienes las crean.
Para ella, una historia no necesita desprenderse de sus raíces para ser universal. “Muchas veces es justamente desde lo más específico y auténtico que logra conectar con más personas”, explica. Su mirada parte de una convicción: Latinoamérica tiene una forma particular de entender el mundo, las relaciones y los conflictos, y esa perspectiva puede aportar nuevas sensibilidades a la industria internacional.
Actualmente, Cataño desarrolla nuevos proyectos cinematográficos, continúa construyendo su carrera actoral en Los Ángeles y ha vuelto a escribir. También trabaja junto a The Bravas Theatre & Film Company en nuevos proyectos y en un Festival Latinoamericano de Teatro. Entre sus experiencias recientes figura su participación en un episodio de la serie nominada al Emmy Justice for the People, próxima a estrenarse, además de su participación en la obra Three Months Later, junto a la actriz Kristen Bell, y otros proyectos para cámara.
Pero más allá de los créditos que puedan sumarse a su trayectoria, hay una idea que parece guiar cada nuevo paso: abrir camino. “Quien no se atreve a pedir lo que quiere, pierde oportunidades”, sostiene. Su legado, dice, sería conseguir que otros artistas peruanos puedan mirar hacia los escenarios internacionales y entender que también pueden estar allí.
Cataño quiere que el mundo conozca al Perú no solo por su gastronomía o Machu Picchu, sino también por sus artistas, sus historias y su creatividad. Y sueña con llevar todo lo aprendido en Estados Unidos de regreso a casa para impulsar coproducciones y nuevos proyectos desde nuestro país. Después de haber tenido que empezar de cero más de una vez, hoy su apuesta parece ser otra: que las puertas que consiguió abrir para ella permanezcan abiertas para quienes vienen detrás.


