Durante años, viajar estuvo asociado a completar una lista: conocer el monumento imprescindible, tomarse la foto, probar el plato típico y pasar al siguiente destino. Hoy, una manera distinta de viajar empieza a ganar espacio: dejar de coleccionar lugares para comenzar a vivirlos con mayor conciencia.
La necesidad de repensar cómo viajamos no es menor. Un estudio publicado en Nature Communications estimó que el turismo generó alrededor del 8,8% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero en 2019, mientras que la concentración excesiva de visitantes también puede ejercer presión sobre los recursos naturales, la movilidad, la infraestructura y la convivencia con las comunidades locales.
Para IATI Seguros, el turismo responsable forma parte de su filosofía y supone promover una manera de viajar que respete el entorno, la cultura y la economía de los destinos. En esa línea, IATI Mochilero un seguro que acompaña especialmente a quienes optan por actividades vinculadas con la naturaleza y la aventura, con cobertura para más de 60 actividades como buceo, trekking, kayak o ciclismo, experiencias que permiten acercarse de manera más profunda con los paisajes y comunidades desde otra perspectiva.

Ahí aparece también el slow travel, que propone bajar el ritmo y priorizar la calidad de la experiencia sobre la cantidad de lugares recorridos. Quedarse más tiempo en un destino, caminar, utilizar transporte público, conocer mercados o elegir pequeños negocios locales son alternativas que permiten relacionarse de manera distinta con el lugar y distribuir mejor los beneficios que genera el turismo.
También significa mirar más allá de los circuitos saturados. Viajar fuera de temporada alta, descubrir destinos menos masificados, elegir alojamientos y comercios locales o reducir los desplazamientos innecesarios son decisiones reales que pueden disminuir parte de la presión sobre los lugares más visitados y, al mismo tiempo, enriquecer la experiencia del viajero.
Una de las diferencias entre ser turista y ser viajero está precisamente en la forma de relacionarse con el destino. Mientras el turista suele enfocarse en conocer sus principales atractivos, el viajero busca también comprender el lugar que visita, acercarse a sus costumbres y generar una conexión más consciente con su entorno. Informarse, respetar las dinámicas locales, reducir residuos y procurar que parte del presupuesto permanezca en la comunidad son algunas formas de dar ese paso.
Viajar con propósito, finalmente, no significa viajar menos ni renunciar a los lugares populares. Significa aprender a recorrerlos de otra manera: con más curiosidad, más respeto y mayor conciencia sobre el impacto que dejamos. Porque un buen viaje no solo se mide por todo lo que conocemos, sino también por la forma en que elegimos estar en cada lugar.


